Leccion 24

Leccion Numero: 

24

 

Sí Yo estoy, Yo Soy y Yo, el que Soy, el que Somos, Yo basto.

Cree.

Crean.

Créanlo.

Confíen.

El paso que sigue al encuentro personal, de ustedes, en sí, por la fuerza de Mí Espíritu, es la confianza absoluta en el Confiable.

Nadie que, por la vía del arrepentimiento y de la conversión, se halla encontrado a sí mismo y, por ende, halla descubierto su pequeñez y su miseria, deja de tender, por fuerza necesaria y elemental, como de gravedad, hacia el Confiable. Necesariamente busca como por instinto, Mí presencia.

Y, Yo, el Unico, el que Es, el Santo de los Santos, Dios tu Dios y tu Señor, Yo me revelo al que me busca, mostrándole, en espíritu, Mí irreemplazable, Unica, e Insustituible providencia.

Y, Ella, genera, necesaria y vitalmente, una novedosa y estimulante sensación de compañía y protección, de la que se deriva la confianza que asiste al endiosado; esto es, al lleno de Mí Espíritu, de confianza en el confiable.

La confianza en el confiable es señal de nuestra presencia y, por ende, de nuestra aproximación o cercanía.

El que está más lleno de Dios, más en El. Confía, María la Inmaculada concepción, llena totalmente de Dios, confió y confía incondicionalmente en Dios.

Dios es su seguridad y, por eso, Dios es todo, para Ella. Más: lo Unico, el Unico.

Las Sagradas Escrituras, son vivos relatos de confianza, en los cuales se ve la seguridad, en Mí, en Nosotros, en el Santo de los Santos, de quienes nos han descubierto y aceptado: Noé, Abraham, David, todos los profetas, todos los apóstoles, todos los Santos.

Santo es el lleno de Dios y, por ende, el lleno de confianza en el Señor.

Esta es la fuerza que le da vigor al testimonio de los mártires, a la voz de los profetas, a la inconmovible espera de los fieles.

Y, la respuesta de Dios, al hombre que confía, es la confirmación de su esperanza.

Síntesis:

Confíen.

Aprendan a confiar.

Hagan ejercicios de confianza.

Para eso:

Límpiense de culpas.

Oren. Oren. Oren.

Oren al Padre.

Oren al Hijo.

Oren al Espíritu Santo.

Oren a la Trinidad Santísima.

Háganlo con María, la Inmaculada Concepción.

Oren siempre con María, para pedir ser limpios.

Al ser limpios pidan el Espíritu Santo.

Pidan la Palabra, el Verbo de Dios.

Si el Espíritu Santo y el Verbo de Dios, que soy Yo, estamos en ustedes, por gracia del amor del Padre, otro ser serán ustedes, en sí, porque en Mí serán convertidos, al tenerme.

Yo y el Espíritu Santo en ustedes, les daremos, con sola nuestra presencia, desbordantes dones e incalculables gracias. La confianza es una de ellos.

Confíen, pues.

Aprendan a confiar.

Sean confianza.

La confianza tiene tres aspectos o tres caras:

En ustedes, en sí.

De ahí el optimismo con que obran y viven los santos. Y, de ahí, también, la alegría que irradian y que viven.

Confían inexorablemente en Dios. Nada les hace desistir de Mí. Aun entre sombras y desiertos, aparentemente insuperables, creen, confían y, esperan, en el que es digno de confianza.

He ahí la razón de la ruda terquedad de los llenos de Dios.

No ven; pero saben que ahí Estoy, Estamos, en ellos y en torno de ellos.

Esto es la fe total, vivida a plenitud. Aquella que, aunque se den torturas, hace sonreír con gratitud al que la vive, como Daniel, como Pedro, como los macabeos, como todos los creyentes verdaderos y, de ahí, la fuerza vigora e invencible de sus testimonios.

Esto les hace afirmar, señalándome, que Yo Soy, que Nosotros Somos.

Confían, consecuencialmente en los otros hombres, no importa quienes sean. Esto les da un aire de bondad que arrebata.

A la vez les hace, como ingenuos, porque, aunque sean víctimas de engaños, creen no obstante, en la buena fe, en la bondad y en la verdad de todos.

El premio es que ven el mundo desprovisto de ruindad y lleno de la inocencia primitiva del paraíso terrenal, en el que las mismas criaturas existían, con sus mismas virtudes y realidades específicas; pero, todas sabrán convivir, disfrutando nuestra gracia.

He aquí; por qué los que se reconcilian, en sí y conmigo y con todo lo creado, siembran la paz con el amor y elaboran, reconquistándolo, el paraíso que fue creado para el hombre y que este, busca anhelante y lo desea.

Confíen y crearán un mundo nuevo; el mundo soñado por ustedes; el que anhelan.

Confíen y me ayudarán a redimirlos.

Confíen y verán a Dios en el amor que reine en ustedes y entre ustedes.

Confíen y serán:

Maestros,

Modelos y

Mandamientos de paz.

Confíen y serán la buena Nueva de Dios revelada para todos.

Confíen y serán semillas de amor, testigos de Dios, pedazos de cielo, como islas del Reino.

Para eso:

Oren.

Oren.

Oren.

Oren al Padre

Oren al Hijo.

Oren al Espíritu Santo.

Oren con María, la Inmaculada Concepción.

Oren siempre con Ella, para que esa oración sea perfecta y sea eficaz.

Por hoy basta.

Bendiciones.

Bendiciones.

Bendiciones.

Raya

 

 

10:51 p. m.

 

Raya

 

 

 

 

 

 


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