Lección 18 Cómo examinarse a fondo

Leccion Numero: 

18

 

Lección

Nº 18

Cómo examinarse a fondo

 

  • Despojados de ustedes, en aptitud de pobres y esclavos de la Esclava de Dios, analícense a fondo.
  • Esto es, en examen profundo de conciencia, a la luz del Espíritu Santo, cuya asistencia será dada, con seguridad, cada vez que con sinceridad y decisión invoquen, según lo ya enseñado.
  • Respondan a preguntas como estas:

 - Nunca hemos pecado?

Mejor:

- Nunca he pecado?  

- Sí?...  

- No?...

(Si dicen "sí", están en la verdad.)

- Ha sido una vez?

- Han sido muchas veces?

(Lo normal, en ustedes, por su naturaleza mal encaminada, es que sea muchas veces. Si tal lo afirman con sinceridad y a la luz del Espíritu Santo, están en la verdad).

- Entre mis caídas en pecado he sentido remordimiento (insatisfacción de ello) y me he arrepentido? (¿Deseado, con humildad, salir de ello, levantarme?)

(Si lo han hecho es buen comienzo).

- Me he confesado?

- Mi confesión ha sido, al hacerla, sincera?

(Si lo han hecho está bien. Esto rompe el estado, combato las asechanzas del maligno).

- He vuelto a caer?

(Esto indica que son frágiles y les indica que algo hay lesionado en ustedes que requiere curación a fondo).

- Me he quedado caído y por haber reincidido no he querido levantarme, pensando que soy malo y nada logro al confesarme?

(Mal pronóstico. Es preciso confiar en la misericordia infinita del Misericordia, del que Es).

- A pesar de mis caídas he pretendido levantarme tantas veces cuantas sean mis caídas y lo he hecho con la misma prontitud con que lo he hecho?

(Buen pronóstico. Hay propósito de enmienda. Este ánimo de lucha es bueno. El acto del hombre es de este orden. La misericordia y el poder de Dios, son los eficaces. Ellos dan la conversión).

- Mis caídas son frecuentes en las mismas faltas? 

- Sí?... 

- No?...

(El "Si", te indica que debes aceptar con humilde aceptación y mansedumbre, que eres pecador y que eres frágil, débil, impotente).

- No puedo, aunque quiero?

(No te desanimes. No lo intentes por ti. Declárate impotente. Admítelo. Eres, como el enfermo incurable, que, por sí no sana. 

Humíllate. Confronta tu impotencia, tu miseria, tu pecado, tus pecados, forma o formas de pecar. 

Admite que eres pecador y que no puedes, por tu esfuerzo, por tu voluntad, educación, cultura, etc, esto es, por tus medios propios dejar de hacerlo. 

Abandona la lucha en esa forma. Continuar sería soberbia y solo logrará sentimientos de culpa, impotencia, rabia, odio o desengaño. 

No luches desde ti, que nada lograrás).

- He recurrido a Dios, en mis caídas y recurro, ahora mismo lo estoy haciendo, como al único que puede levantarme, curarme, ayudarme?

- Si lo estoy haciendo? 

- No lo hago?

- Si lo he hecho? 

- No lo he hecho?

(Si no lo has hecho, hazlo. Eso te bastará. Solo Dios basta. Recuerda: "Sin Mí, nada, absolutamente nada podéis hacer". 

Esta es afirmación del que Es. Sin Él, no podrás llenarte de Él, es imposible. Solo Él puede, con su luz deshacer en ti las sombras del pecado.

No te esfuerces. 

Humíllate! Anonádate. 

Eso basta.

Tu aporte es el renunciamiento personal; tu abandono confiando en el Confiable.

El aporte de Dios es su misericordia.

El resultado es tu conversión.

La conversión es gracia de Dios. Absoluta gracia de Dios. 

Sin Él, no hay, no ha habido, no habrá conversión.

Soberbia y gravísima soberbia, es pretender cambiar por medios personales de cultura, formación de voluntad, etc.

Con Dios lo único que cuenta es la oración y no hay oración entre el hombre y su Señor sin doblegamiento de rodillas, en el alma y en el cuerpo.

El pecador humilde es justificado.

El "virtuoso" soberbio es reprobado.

Ya lo enseñé al comparar las oraciones del fariseo y el publicano).

- Estoy desesperanzado a causa de mi pecado; de la frecuencia con que peco?

(Mal pronóstico, lo que importa no es tu pecado o tu forma de pecar; sino la confianza que tengas en la misericordia del que es Misericordia.

Levántala tan presto como caigas, con la seguridad de que el que te dio la parábola del Hijo pródigo, te dará a ti, el perdón del padre bueno a su hijo pecador.

No temas.

Ven.

Como estés, ven.

Tan sucio como estés, ven. Solo Yo puedo limpiarte y elevarte.

Solo Yo basto.

Ven.

Ven.

Ven.

No temas.

He venido a salvar; no a condenar.

No apago la mecha que aún humea.

Salvo.

Restituyo.

Dignifico.

Pedro no fue mejor que tú y lo salvé.

Lázaro no fue menos mortal que tú y lo resucité.

Dimas el asesino y ladrón empedernido no fue más justo que tú y lo salvé.

Yo basto.

Ven.

Cuenta conmigo.

Tienes la gracia de mí Sangre. 

Yo pagué por ti. 

El Padre bueno, está saciado en su justicia con mi Sangre.

No temas.

Pero no vaciles.

Ven.

Ven.

Ven.

Ven ahora; tal como estás; tal como eres.

Ven.

Dame tu pecado.

Dame tu estilo; tú forma de pecar.

Eso basta.

Yo, el que Soy, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, lo juro, Yo, te salvaré).

- Cómo están mis relaciones con el prójimo?

- Perdono o no, perdono al que me ofende?

(Si perdonas, buen pronóstico. El Padre nuestro, es aplicable y eficaz en ti.

No perdonas? 

Mal pronóstico. 

Recuerda el pasaje del siervo infiel que siendo perdonado por el amo no quiso perdonar al igual que le debía una suma no comparable con la que a él le fue saldada. 

Este es un pecado grave. Arrepiéntete. Si no puedes vencerlo, haz según lo dicho, pide mi ayuda y Yo, el que Soy te ayudaré.

No perdonar es malo. Pecado de desamor lo es. El desamor hiere el corazón de Dios, que es Amor, y lo entristece. 

El desamor quebranta el mayor de todos los mandamientos de la Ley de Dios. Pecado grave es. 

Reconócelo si lo practicas, si lo vives y humíllate. Muéstramelo. Dámelo. Implórame y Yo te ayudaré).

- Amo?

(Sí amas, el Espíritu está en ti).

- Odio?

(Malo. Dios no está en ti. El Espíritu Santo, Dios, te falta.  Humíllate. Implora mi asistencia y Yo, el que Soy, te ayudaré).

- Confío en Dios?

- No confío en Él?

(Según lo hagas o no, tienes el Espíritu Santo. En uno y otro caso humíllate e implóralo. Yo te ayudaré. El Padre fiel; igual que Yo y que el Espíritu lo es. 

El Espíritu te será dado, si lo pides. Y, Él, te ayudará. 

Aumentándote en gracias o dándote la gracia de sus Dones).

- Tengo paz?

- No tengo paz?

(La paz es don de Dios y fruto, por tanto, de su cercanía en el hombre. 

Pide el Espíritu Santo y lo tendrás. 

Igual con la justicia, la verdad, la capacidad de servir, amar y comprender, que todo es amor en el Señor).

Hecha esta reflexión preséntala al Señor, tu Dios.

Confiésate con el presbítero.

Siempre hazlo así.

El perdón de él, es mi perdón.

(En esto, el Presbítero muestre su celo y acción sacerdotal con el amor con que escuche y entienda al confesante).

Por hoy basta.

Bendiciones,

Bendiciones,

Bendiciones.

Raya

 

5:06 a. m.

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